
Las Sociedades por lo general tienden a simple vista a permanecer, algunos dirían incluso a quedarse inmutables en el tiempo, podemos observar cambios formales, pero los de fondo (Al igual que el sistema que los sustentan) permanecen intactos y protegidos institucionalmente inclusive con la venia de un sector importante de la sociedad. Es así posible observar entonces, como permanecen, conservan y conviven.
Aquellos que se oponen al cambio, que son una gran fuerza, la piedra angular en el zapato de los avances, medran en los abismos del alma. Frente a ellas, encontramos la otra fuerza, más débil en la acción pero fuertes en convicción, las fuerzas y las ideas que impulsan a avanzar son meninas tenues en el firmamento de la imaginación, que esperan por Pueblos para transformarse en erupción constructora.
Si la condición de quietud, de miedo, prevalece, entonces, el hombre insiste en el estancamiento, se queda atrapado por lo cotidiano que le impide soñar y construir.
Es así, la cultura hegemónica inculca la quietud y desprestigia la erupción constructora. La Revolución es un gran húracan hecho por hombres del futuro, capaces de vencerse a sí mismos. No es labor de pusilánimes, esclavos inconcientes encadenados en miedos ancestrales.
En estos tiempos de cambios en el continente, de posibilidades ciertas de salto del capitalismo al Socialismo, que es a Revolución más profunda que la humanidad ha emprendido en toda su historia, las anclas se tensan al máximo para impedir el avance, aparecen las mil y una excusas, las más variadas evasivas, toda suerte de disuasiones, todo para permanecer y para justificar ese permanecer.
Una de las principales tesis castradoras del cambio (grandes vicios de algunas agrupaciones políticas que se dicen de Izquierda--nada más lejano de aquello--), es la posibilidad de hacer un trato con el capitalismo, y mantenerlo atado dentro de los límites de nuestra voluntad. De esta manera se planifican mundos como si de una receta de cocina se tratara: Un tanto de capitalismo, dos pizcas de Socialismo, dos cucharadas de empresas mixtas, medio kilo de nacionalización (Cuidado con la cantidad, este elemento tiende a poner amarga la receta, úsela con moderación), agregue además un poquito de trueque en las deas, gotas de traición al gusto, bátase y llévese al horno. Y a los diez años estaremos en el Socialismo.¡Que ilusos!
Se olvidan, los que así pretenden armonizar su rechazo al sistema capitalista con sus miedos al cambio, que el sistema capitalista tiene vida, produce más capitalismo y a la vez se reproduce al cuadrado, coloniza mentes, tienta voluntades, se expande, acumula, desarrolla tentáculos que penetran las entrañas de la economía y de la mente, reclama nutrientes, en fin, el capitalismo es como el fuego que no reconoce más límites que su extinción.
Los sistemas híbridos, como el de la Unión Soviética, siempre han conducido a la hegemonía del capitalismo.
La lucha revolucionaria es por el avance de las formas socialistas y la extinción de las formas capitalistas, en algún momento algunos pretenden convencernos que pueden coexistir pero la tendencia en esa formula, es que solo se extinga la parte más humana del sistema.
La consecuencia Revolucionaria, nos llevara SIEMPRE a extinguir el fuego capitalista, nunca a estimularlo pretendiendo convivir con él, ilusionados con la ficción de poder mantenerlo bajo el control de nuestra voluntad.
No es camino revolucionario estimular formas capitalistas y el propiciar economías híbridas, que al final serán como cuervos que se comerán los avances socialistas, y los ojos de los ilusos. La ignorancia y la nula conciencia de clase es el polvo mágico que hace que cualquier receta reformista surta exitosa.
Cada uno podrá fabricar su propio pastel y tener su propia receta incluso. Cual mejor, cual peor, dependerá de los ingredientes que le pongamos, más que la buena o mala mano del pastelero.
¡Construyamos el Socialismo, no hay excusas!
Aquellos que se oponen al cambio, que son una gran fuerza, la piedra angular en el zapato de los avances, medran en los abismos del alma. Frente a ellas, encontramos la otra fuerza, más débil en la acción pero fuertes en convicción, las fuerzas y las ideas que impulsan a avanzar son meninas tenues en el firmamento de la imaginación, que esperan por Pueblos para transformarse en erupción constructora.
Si la condición de quietud, de miedo, prevalece, entonces, el hombre insiste en el estancamiento, se queda atrapado por lo cotidiano que le impide soñar y construir.
Es así, la cultura hegemónica inculca la quietud y desprestigia la erupción constructora. La Revolución es un gran húracan hecho por hombres del futuro, capaces de vencerse a sí mismos. No es labor de pusilánimes, esclavos inconcientes encadenados en miedos ancestrales.
En estos tiempos de cambios en el continente, de posibilidades ciertas de salto del capitalismo al Socialismo, que es a Revolución más profunda que la humanidad ha emprendido en toda su historia, las anclas se tensan al máximo para impedir el avance, aparecen las mil y una excusas, las más variadas evasivas, toda suerte de disuasiones, todo para permanecer y para justificar ese permanecer.
Una de las principales tesis castradoras del cambio (grandes vicios de algunas agrupaciones políticas que se dicen de Izquierda--nada más lejano de aquello--), es la posibilidad de hacer un trato con el capitalismo, y mantenerlo atado dentro de los límites de nuestra voluntad. De esta manera se planifican mundos como si de una receta de cocina se tratara: Un tanto de capitalismo, dos pizcas de Socialismo, dos cucharadas de empresas mixtas, medio kilo de nacionalización (Cuidado con la cantidad, este elemento tiende a poner amarga la receta, úsela con moderación), agregue además un poquito de trueque en las deas, gotas de traición al gusto, bátase y llévese al horno. Y a los diez años estaremos en el Socialismo.¡Que ilusos!
Se olvidan, los que así pretenden armonizar su rechazo al sistema capitalista con sus miedos al cambio, que el sistema capitalista tiene vida, produce más capitalismo y a la vez se reproduce al cuadrado, coloniza mentes, tienta voluntades, se expande, acumula, desarrolla tentáculos que penetran las entrañas de la economía y de la mente, reclama nutrientes, en fin, el capitalismo es como el fuego que no reconoce más límites que su extinción.
Los sistemas híbridos, como el de la Unión Soviética, siempre han conducido a la hegemonía del capitalismo.
La lucha revolucionaria es por el avance de las formas socialistas y la extinción de las formas capitalistas, en algún momento algunos pretenden convencernos que pueden coexistir pero la tendencia en esa formula, es que solo se extinga la parte más humana del sistema.
La consecuencia Revolucionaria, nos llevara SIEMPRE a extinguir el fuego capitalista, nunca a estimularlo pretendiendo convivir con él, ilusionados con la ficción de poder mantenerlo bajo el control de nuestra voluntad.
No es camino revolucionario estimular formas capitalistas y el propiciar economías híbridas, que al final serán como cuervos que se comerán los avances socialistas, y los ojos de los ilusos. La ignorancia y la nula conciencia de clase es el polvo mágico que hace que cualquier receta reformista surta exitosa.
Cada uno podrá fabricar su propio pastel y tener su propia receta incluso. Cual mejor, cual peor, dependerá de los ingredientes que le pongamos, más que la buena o mala mano del pastelero.
¡Construyamos el Socialismo, no hay excusas!
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