Falsificar al Socialismo y despojarlo de su fuerza liberadora y constructora, ha sido la tarea por muchos años del capitalismo y es que para poder entender el socialismo hay que estar desbordado de amor. Amar y querer al prójimo, al hermano de clase. Pareciera que amar, cuesta mucho más de lo que creemos, por que siempre damos lo que nos sobra y no amamos cuando aquello significa perder una cuota de algunos privilegios socialmente ganados, una posición económica quizás o algún titulo profesional que socialmente suene rimbombante.
Hoy nadie quiere para sus hijos otra cosa que no sea adquirir un titulo universitario y esperan ver as sus hijos como médicos, ingenieros, abogados o trabajando de gerente en una gran empresa.
Conversando con un chico que se sentía menos preciado por que su padre era zapatero, llegamos a la conclusión que sin zapateros andaríamos todos descalzos, el medico, abogado e ingeniero también y es que para ser zapatero hay que ser muy hábil; no reconocer eso es ser muy ignorante, el papel que cumple dentro de la sociedad es imprescindible, tan imprescindible, como el obrero, el carpintero, el pintor etc.
Un sistema social es en esencia una conciencia sustentada en una relación económica. De aquí se desprende que la lucha política, la lucha revolucionaria, es una lucha por la conciencia de las mayorías, el territorio de la confrontación es la conciencia, lo demás está subordinado a este objetivo y su base de sustentación es el A M O R.
Ahora bien, la conciencia y las relaciones de propiedad están entrelazadas, existen mutuamente, lo que significa, por ejemplo, que no podía existir conciencia esclavista sin relación de propiedad esclavista.
Así mismo pasa con el capitalismo, genera una conciencia del egoísmo, del consumismo que lo sustenta, una conciencia instalada, arraigada con una fuerza única en la historia de la humanidad.
Por lo tanto, pensar en la convivencia del Socialismo con el capitalismo, en un híbrido como un sistema social viable, es un disparate, una trampa reformista y el suicidio de la Revolución proletaria, es perder en lo mas intimo la gran oportunidad de demostrar que los humanos no somos carentes de amor.
¿Qué derecho alegaría cualquier explotado para la conservación del capitalismo?
Mirémonos las caras, veamos como vamos destruyendo los hilos que nos unen como personas, como clase trabajadora. Miremos al hijo del zapatero que se avergüenza de su padre por no ser considerado por el capitalismo y haberle dado solo el rango de trabajador, este delito de su padre es imperdonable para una parte de la sociedad, indigno de respeto desde todos los aspectos y seguramente será heredado por su hijo como si se tratara del traspaso de la corona de la casta Real.
Todos los aspectos de la vida hay que considerarlos, por que como seres humanos creativos vamos construyendo diariamente, construimos con las manos, las ideas y con los pequeños grandes detalles, somos constructores en potencia. Podemos con un gesto, una mirada, una palabra o una simple caricia hacer de una persona un ser con estima o un despreciable ser.
Creer que lo material pasa por sobre lo humano es antinatural, por el simple hecho que aquello sería despreciarnos a nosotros mismos, es no reconocer nuestra esencia amorosa dotados de sentimientos.
¿Podríamos, sin pecar, sustituir la palabra amor por capitalismo?
Es el capitalismo la más insigne violación de la dignidad humana, donde unos hombres, los capitalistas, son propietarios del tiempo, de la vida y de la dignidad de otros hombres, los trabajadores, los explotados.
¡El capitalismo es una esclavitud refinada!
Fácilmente se comprende que no se puede construir el Socialismo, sin atacar, sin despreciar al capitalismo.El capitalismo no se puede domesticar, o lo derribamos o nos consume como personas.
Seamos dignos de llamarnos seres humanos...Amémonos sin sacar cuentas.
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