Bastaba que un buen sacerdote hiciera una rogativa al aire libre. Los santos especializados en hacer las lluvias tenían los oídos sensibles y escuchaban a los hombres y sin regañar atendían cuanto pedido se les formulaba. A la media hora de una rogativa cualquiera, comenzaba a caer lluvia. Entonces el trigo no se pudría como ahora.
Es cierto también que los santos eran más jóvenes y que los creyentes no podían contarse con los dedos de las manos. Era otro tiempo naturalmente...
Hoy despiadado y terrible hoy, no se ven las espigas por que la tierra está endurecida. La lluvia, en el centro de otro país, tiene ya casi un sabor a leyenda.
Quizás sean los mismos santos quienes se oponen a la buena lluvía...Y hasta podría encontrársele razón por que cuando abundó el trigo, el pan no estuvo menos caro que cuando escaseó. Y, como es cristiano suponer, los santos no pueden ver con buenos ojos que su acción sea monopolizada por unos pocos.
Pudiera ser también, que la suspensión de las lluvias se deba a olvido.
La vejez y olvido marchan siempre por el mismo camino.
Sin embargo no debía ocurrir así. En este momento la iglesia es atacada, y si los santos no la ayudan, pudiera ser que el triunfo favoreciera a sus enemigos "a los salvajes sin dios ni ley”.
Los santos debieron reflexionar...por que si la iglesia se acaba, ¿quién creerá en ellos?
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